Van a trabajar en parejas:
1. Lean detenidamente los testimonios de todos los personajes que hablan en el texto “Historia de una tragedia”.
2. Escriban una crónica en la que narren lo sucedido empleando el punto de vista múltiple. Recuerden la lectura que hicimos la semana pasada de “La larga noche del merodeador”. Piensen bien en la estrutura, cómo lo van a hacer, antes de empezar a escribir.
3. No olviden poner un título a su crónica y traten de hacerlo creativamente.
Historia de una tragedia
El 27 de febrero de 2008 una avioneta Cessna despegó desde el aeródromo de Tobalaba a las 9:45. No alcanzó a estar 2 minutos sobre el aire y cayó sobre la multicancha de Peñalolén, donde 27 mujeres hacían clases de aeróbica. El resultado: 13 personas murieron; de ellas, siete eran mujeres del grupo de gimnasia.
Lucinda Villalobos, 68 años
Quedó con el 50% de su cuerpo quemado, estuvo un mes y medio en coma inducido y cuatro meses internada en el hospital. Su cara se quemó por completo.
“Ese día no sentí nada raro, nunca pensé que me iba a pasar algo malo. Parece que me tiraron más todavía para allá, porque en la mañana mi marido me dijo: porque no va na’ hoy día a la gimnasia, descanse. Habíamos llegado el sábado del sur, pero yo le dije que tenía ganas de ir. Tomé desayuno y me fui. Siempre a la vuelta me duchaba y hacia las cosas de la cocina, pero esta vez me quedé tirada ahí po”.
“Me acuerdo de todo (se pone a llorar en ese momento).El impacto fue tan fuerte que nos tiró a todas al suelo, parecía que iba a traspasar el suelo. Después de eso vino la explosión. Algunas no alcanzaron a reaccionar y quedaron en el suelo. Yo vi a una compañera muerta en el suelo, y la humadera y las llamas. Y los gritos de la gente pidiendo auxilio”.
“Estuve consciente todo el rato, me toqué las zapatillas y estaban ardiendo, lo mismo el buzo, así que me paré como pude y corrí pidiendo auxilio. Yo no sé como tuve esa valentía, esa fuerza de correr y salir de la calle”.
“La avioneta no nos dio tiempo de arrancar. Yo no sé cómo me paré y salí corriendo y pedía auxilio, por eso no vi a las demás compañeras (se preocupó de ella) Si yo no arranco yo no estoy acá”.
“Los vecinos empezaron a llegar con las mangueras a apagar a la gente que se estaba quemando. Y una señora me apagó (Sra. Orlanda) cuando ya no me quedaba ropa, pero por lo menos me refrescó un poco. Me ofrecía llevarme para dentro de su casa y meterme en la tina, pero yo no quise”.
“Después me llevaron en la ambulancia y seguía consciente. Ahí me pidieron mis datos, y yo lo único que repetía era que le avisaran a mi familia. Hasta ese momento no sentía dolor, sólo frío. Tiritaba de frío. Después ya no me acuerdo más”.
Señora Orlanda
Vecina
“Yo vivo al frente de la cancha y esa mañana estaba regando las plantas cuando Mariana Fierro (hermana de Beatriz), que venía tarde, se acercó a conversar conmigo. Mariana alcanzó a llegar a la clase, ubicarse en su puesto y se cayó el avión, es como si la hubiera estado esperando. Siempre me he sentido culpable de no haberla retenido un tiempo más, quizás ahora estaría viva”.
Violeta Correa, 44 años
Vecina
“Siempre me despertaba con la música de la aeróbica y salía a regar. Esa mañana estaba en la cocina, y el baño tiene como una lata que sonó muy fuerte porque venía un avión como parando, entonces sentí un golpe fuerte y pensé que había pasado algo en la entrada de la casa. Abrí la puerta y vi un fuego que se venía acercando”.
“La gente salía arrancando de la cancha con las carnes vivas, no se les distinguía la cara, no tenía nada de pelo, no se sabía si eran hombres o mujeres. Estaban quemadas enteras, sentadas en el suelo, no movían su cabeza, nadie tenía ropa. Fue todo en un segundo”.
“La gente que gritaba era la que alcanzó a arrancar, la gente quemada no gritaba, ni se quejaban, la gente se estaba quemando viva… Los gritos de los sobrevivientes eran horrorosos y tenían cara de horror”.
“Yo salí caminando hacia la cancha y vi una señora con su hija chica al lado, pero ya no había nada que hacer”.
Paulina Muñoz, 20
No le pasó nada
“Hace una semana me estaba poniendo en las filas de adelante, porque cuando me ponía atrás se distraía mucho. Ese día como iba atrasada no alcancé a ver quiénes estaban y quienes no. Me topé con la Mariana a la pasada y le tiré un beso. La Mariana no alcanzó a hacer ni un minuto de gimnasia, porque llegó tarde. Yo creo que también por eso no alcanzó a arrancar, estaba menos alerta”.
“Me acuerdo que sentimos un ruido fuerte, pero el avión ya estaba encima y cayó en picada justo atrás de donde estaba yo. Yo atiné a correr y la explosión me tiró hacia delante y caí encima de la Marcela, que hasta ese momento no la conocía”.
“Yo las desahucié a todas. Pensé, están todas muertas así que me fui de la cancha y no traté de ayudar en nada. Vi a una de mis compañeras (no la pude reconocer) que estaba en el suelo sentada, totalmente en llamas, entregada y lo que más me llamó la atención era que los ojos era lo único del cuerpo que resaltaba. El blanco de los globos oculares”.
Beatriz Fierro, 42 años
Perdió la pierna derecha, se fracturó la pelvis y el fémur de la otra pierna, y se quemó el 30% del cuerpo. Estuvo dos meses en coma inducido y le realizaron 40 operaciones.
“No tenía ganas de ir a aeróbica, por eso llegué atrasada. La música estaba tan fuerte que no sentí el ruido de la avioneta. La vi cuando ya estaba encima y parece que estábamos haciendo un ejercicio en el suelo. Después del impacto traté de incorporarme, pero cuando estoy en eso salta un pedazo de asta y me cortó la pierna. Ahí yo me quedé impactada, porque la pierna salto por allá y yo me quedé ahí”.
“En ese momento yo no me di cuenta que también me había cortado la otra pierna y que estaba colgando, porque tenía el buzo puesto”.
“Supuse que iba a haber una explosión y tenía un peto de lycra, me lo saque y me cubrí la cara, pero un solo lado, por eso el otro lo tengo todo quemado”.“Empezaron a evacuar a toda la gente súper rápido, pero a mí no me movían porque pensaba que estaba muerta, hasta que alguien gritó: está viva, atiéndala. Me han contado, las personas que me vieron, que aparte de no tener una pierna yo tenía muy quemada la parte baja de la pelvis y con un hoyo hacia dentro y se me veían las tripas”.
“Ellos pensaban que me iba a morir por eso no me atendían, y le daban prioridad a las personas que pensaban tenían más posibilidades de vivir. Hasta que me llevaron a una camilla, pero no me preguntaban nada y fui muy pesados con ellos porque yo lo único que les gritaba era que les avisaran a mis hijos”.
“Estaban todos muy mal preparados para enfrentar una tragedia así. Todos estaban desorbitados. Era como una película de terror. El mismo profesor se agarraba la cabeza y lo único que decía era no puede ser… No hizo nada, no trató de ayudar a nadie”.
“Muchos trataron de salvar su vida y después se devolvieron a ayudar. Su instinto fue salvarse ellos”.
“Yo recuerdo que miré hacia atrás para ver si veía a mi hermana y cuando la vi tenía la cara negrita, y en mi ignorancia yo pensé que estaba bien. Pero la verdad es que ella estaba carbonizada. Le dije que yo estaba bien, que no se preocupara porque tenía una cara de impacto, porque me vio sin la pierna”.
“Yo no tenia idea de lo mal que estaba. Hasta que pedí que llamaran a una amiga que trabajaba en el SAPU, y ella cuando llegó a verme preguntó que quien era, porque no me reconoció. Ahí supe que me había quemado, porque yo no sentía nada de dolor con la adrenalina”.
Mauricio Vargas, 40 años
Hijos de Ramona Espinoza, que era la mayor del grupo de gimnasia y muy querida por sus compañeras. La encontraron debajo de la avioneta.
“Mi mamá llevaba como un par de semanas sin ir a gimnasia y esa era la primera vez que iba de nuevo. Por eso te digo que no tenía que ir a hacer allá. Fue el minuto nada más”
“Yo la pase a ver en la mañana, siempre la pasaba a ver antes de irme a trabajar, y pregunté por ella pero me dijeron que andaba en gimnasia. Cuando salí de su casa, empecé a ver que pasaban bomberos y ambulancias. Después pasó un canal de televisión, y yo le dije a un maestro que andaba conmigo: “tiene que haber habido un accidente, a la noche vamos a ver po, en la televisión”
“A la hora después me llamó mi hermana. La habían llamado para avisarle que había un accidente en la cancha. Después me vine a la Municipalidad, y la enfermera de la municipalidad nos dijo que no nos preocupáramos que ella se había anotado como que estaba bien y que se iba para la casa. Esa información teníamos”
“Pero no la encontraron en la casa y tampoco por los alrededores. Yo pensaba que estaba perdida desorientada. Nunca en ese minuto se me pasó por la mente que le habia pasado algo. Cuando no la encontramos partimos a la posta central. Encontramos una persona que estaba como NN y logré que me dejaran pasar a verla. Era la Silvia-mi tía y muy amiga de mi mamá- la que estaba ahí como NN. Después de verla perdí las esperanzas, porque estaba irreconocible. Y ahí le pregunto al director de la posta si habían levantado el avión. Me dijo, al parecer no. Y yo dije ahí está mi mamá.”
“Al rato me llamaron de la Municipalidad y me dijeron que habían encontrado dos cuerpos més debajo del avión, cuando iba de vuelta a mi casa. Pero yo ya sabía ya a esa altura. Era una cosa lógica. Porque si la Silvia estaba en esas condiciones era imposible que mi mamá no estuviera igual. Si iban siempre a gimnasia juntas, obviamente se ponían en el mismo lugar”