Un monólogo es un discurso corto e ininterrumpido dicho por una sola persona, que puede estar expresando en voz alta sus sentimientos o dirigiéndose a otras personas, como por ejemplo, a una cosa, a un personaje o a un lector, narrador. El monólogo es un recurso utilizado en todos los géneros literarios: pueden encontrarse monólogos tanto en el cuento como en el periódico.
Algunos ejemplos de monólogos
“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y demás estupideces estilo David Coperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada”. (El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger)
FURIA* (Monólogo teatral hiperbreve), de Silvia Arz
El hombre está sentado en un sillón mirándola distraído, parece que no la escucha ni presta atención a la exuberancia de sus gestos, ella voltea a mirarlo.
MUJER: Tengo furia, ¿conoces la furia, mi furia?, ese fuego que empieza en el estomago y va subiendo por el pecho hasta instalarse justo en medio del cerebro.
¡Quiero destrozarte todo, pedazo por pedazo, empezando por el corazón!, que se desintegre en moléculas imperceptibles para que sepas se siente que alguien te clave un puñal en él, seguir por tu cabeza, abrirla como una lata de picadillo a ver si así consigo que en ella entre el concepto de que no es buena idea tratarme como a una tonta muñequita que no piensa, porque para tu desgracia vivo pensando.
¿Dónde tendrás guardado ese aire de condescendencia que tanto me altera?, por ahí quisiera continuar, extirpártelo del cuerpo, rebanarlo, reducirlo a nada.
Debería sacarte los oídos, total, no los usas, al menos no para escuchar las cosas que te digo salvo que estas cosas se refieran a ti obviamente, tus dolores, tus problemas, tus dudas, TUS, TUS, TUS…
Vayamos por las manos, eso me da pena, me gustan tus manos, ¡pero es que se empeñan tanto en querer moldearme a tu gusto!, en darme esa forma dulce y desabrida que te encanta… ¡como si no hubieras sabido desde un principio que me gusta el ácido, la corrosión, el condimento! … Moldearme a tu antojo nunca fue negociable.
Sigo escarbando y escarbando pero aún no puedo encontrar en donde se aloja esa convicción de que yo tengo paciencia y aguanto todo por amor.
¡NOTICIA DE ÚLTIMO MOMENTO!, mi amor no es de los que aguantan todo.
Almudena Grandes (Madrid, 1960) explicó que se trata de un monólogo interior de un adolescente madrileño de quince años que habla con Dios mientras juega un partido de fútbol con su eterno rival, y que reproduce un lenguaje lleno de coloquialismos.
“Lo que más me gusta de este cuento es su tono, porque cuenta historias patéticas en un registro casi cómico”, señaló la escritora.
El joven protagonista, Rafa, un incondicional del Atlético de Madrid, increpa a un dios que considera responsable de la muerte de su hermano de diecisiete años a causa de una leucemia. “Ahora ya no existe nadie a quien pueda llamar mi hermano y te odio por eso”, afirma el personaje.
Demostración de la existencia de Dios
[...]Bueno, ¿qué pasa, es que no te intereso? Joder, ni que mi alma fuera de segunda mano, no te jode… Se supone que en el cielo estáis deseando hacer una fiesta conmigo, ¿o no? Si no lo haces por mí, hazlo por mi viejo, o por Mon, que la acabo de oír chillar, o sea, que está sufriendo ella sola, en su cuarto, en plan soy-una-mártir-estupenda-que-te-cagas… Es que eres la leche, tío, no se pueden hacer tratos contigo. Nada, que a mí me ha tocado lo de Caín, el humo que no sube y todo el rollo ese, y eso que yo no he matado a mi hermano, que a mi hermano lo has matado tú, hijoputa… Así de claro, ¿quién si no? Todavía me acuerdo, al principio, cuando yo no tenía ni idea de que existiera esa palabra, leucemia, joder, si parece el nombre de una planta de interior… Leucemia. Cuando mamá me lo dijo, me quedé tan fresco, ¿y qué?, pregunté, y entonces ella me aclaró, es un cáncer… Un cáncer, con dieciséis años, o sea, imposible, dije, pero ella me dijo que sí con la cabeza, moviéndola muy despacio, y se echó a llorar, y entonces… ¡buah![...]
Estaciones de Paso – Almudena Grandes, 2005
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