DAMAS PELIGROSAS
Esa noche la encuentran. La rubia baila tratando de mantener el equilibrio. No lo logra. Lleva las medias rotas. Su vestido gogo se sube más de lo debido. Se le traslucen las infantiles bombachitas. Carlos la observa con lujuria, pero sabe que esa presa no es para él. Se le acerca. Lleva un revolver en la mano. El vacile del cabello de Virginia lo desprecia. La toma con fuerza del brazo y la sube violentamente al auto. Ella no se queja. Está estupefacta. Toman la ruta Panamericana. Ibañez se estaciona a un lado del camino. Pasa al asiento trasero y desnuda a la muchacha que se resiste.
- Dejame hijo de puta.
- Callate perra. Más vale que cooperes.
- Dejame idiota. Soltame. Soltame.
- Esto te pasa por ser una pendeja borracha que se cree indomable.
La joven junta las piernas. Sin esfuerzo, Ibañez las separa. Robledo los mira. Su amigo se percata y lo echa.
- Y tú que mirás. Andate.
Se sienta en un costado y espera. Cuando los ve bajar del auto se acerca. Jorge Antonio libera a la chica. Ella corre. “Tirale”, ordena a Robledo. Este dispara cinco veces. No se inmuta. Los celos lo corrompen. Carlos se acerca y la revisa. Encuentra mil doscientos pesos en la cartera de la muchacha. Se van.
LA MISMA ESCENA
Virginia Rodríguez se convertiría en la siguiente víctima de Ibáñez. Tenía sólo 16 años, pero él la deseaba. Ibáñez se empeñó en buscarla hasta que la encontró.
Su amigo Carlos, quien lo acompañaba, bajó del auto y amenazó a la chica con un revólver.
Sube o disparo- le dijo, colocando el revólver junto al estómago de Virgina.
No me hagas daño, no lo hagas, haré todo lo que me pidas – respondió la chica con voz anudada, a punto de llorar.
Subieron al auto. Aceleraron como en una carrera de rally y tomaron la ruta Panamericana. Virginia lloraba. Ella vio cuando se estacionaron a un costado del camino. Ibáñez con ansias pasó al asiento trasero. Sin pudor la desnudó. Virginia en vano trataba de resistir, pegándole algunos golpes. Ibáñez le dice a Carlos que salga del vehículo. Él bajó y esperó afuera hasta que Ibáñez salió con la chica.
Ándate – le grita descontrolado el criminal. Ella corre.
Carlos, tirale – le ordena.
No, déjala ir – responde Carlos, asustado.
Dispara – le grita en tono amenazante Ibáñez.
Sin más, Carlos aprieta el gatillo. Cinco disparos suenan, sólo queda el eco. Se acerca a Virginia y la revisa. De su cartera roba mil doscientos pesos.
LA BOITE ENAMOUR DE LOS OLIVOS
Ya han pasado 12 días desde que ambos cometieron su primer golpe. La noche es fresca y los dos se disponen a forzar aquella ventana y robar todo el dinero que haya dentro. Ya al interior, se dan cuenta de la presencia de dos nocheros.-Manuel Godoy y Pedro Mastronardi –mientras ellos, duermen profundamente Ibañez y Robledo reúnen dos millones de pesos en un tiempo breve y sigiloso. Ya al salir, Robledo, dispara a quemarropa sobre los cuerpos, sin explicación alguna.
Ibañez sorprendido, le dice a Robledo:
-“¿pero tú estás loco?”, -Robledo lo miró y le respondió:
-“¿por qué?”, con actitud indiferente-
-“no era necesario que les dispararas. Ellos no se habían percatado de que estabas acá”- respondió furioso Ibañez.
- Carlos Eduardo dijo: “¿Qué querías, que los despertara?”
Desde ese entonces los amigos comienzan a llevar una vida desenfrenada , gastando horas y horas frente a las barras de los bares, dejando que nadie se cruce por su camino.
ADIÓS AL AMIGO
La noche del 15 de Noviembre, Robledo y Somoza, deciden continuar con su aventura delictual. Esta vez, el objetivo es el supermercado “Rolón de Bolougne”. Deciden ocupar el método clásico para ingresar: bajan con la ayuda de una manguera de plástico, mientras Robledo abre el techo. Ya al interior del oscuro local, de una árdua búsqueda del dinero y sin resultado alguno, Robledo comienza a desesperarse:
-“¿dónde está la maldita plata?. Esto ya me está desesperando”, -dijo Robledo-.
Somoza más tranquilo respondió:
-“tranquilo, que el dinero aparecerá”.
En ese momento, lo único que encontraron fue a Raúl Delbene, sereno del lugar que descansaba en una pieza. Este, al sentir el ruido se levanta, busca y abre la puerta. No alcanza ni a suspirar y Robledo lo asesina de un balazo.
Carlos, como si nada, sigue indagando en la búsqueda del dinero, sin lograr su objetivo. En última estancia, Robledo toma un teléfono, se lo pasa a Somoza y le dice:
“Toma, se lo regalo a tu vieja”.
Somoza lo guardó en su mochila y al otro día se lo entregó a su mamá.
EL ENEMIGO INSÓLITO
“A los veinte años no se pude andar sin coche y sin plata”, suele decir Carlos Eduardo. Para él la vida es simple, la verdad es que siempre lo ha sido. A medias con Ibáñez compran un Fiat 600 rojo como su ira, que generalmente conduce Robledo. Él siempre ha alucinado con lo material, con los autos y las carreras.
Carlos Eduardo maneja a toda velocidad e interviene en picadas mientras avanza. “amo la velocidad, aunque éste wáter es una mierda” El no tener un coche más potente, no sólo le da rabia, sino que también lo deprime. Ibáñez lo mira, lo analiza en su carrera sin frenos, “te vas a romper el labio si sigues mordiéndote así”, “tú no entiendes lo que me provoca ésta mediocridad”
Por fin, la noche del 9 de mayo llegan a la calle Ricardo Gutiérrez al 1500, en Olivos. Su próxima hazaña es asaltar una casa de venta de repuestos para autos. El encargado, su mujer y su hija duermen sin sospechar que quizás nunca más despertarán.
Robledo da inicio a la nueva tragedia, con dos tiros da muerte al señor Bianchi. Ahora prosigue con dos más, para su mujer. Mientras tanto, Ibáñez envuelto en una locura total, se abalanza sobre ella, y en un acto animalesco, procede a violarla. Carlos Eduardo hurga la casa y por un instante mira a su compañero, pero no abarca la tragedia en su totalidad, ya que para él los hechos no tienen dimensión ni nombres comunes. “Había que sobrevivir”, diría más tarde.
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