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“Swingers: Dame el tuyo, toma el mío”
Un texto de Gabriela Wiener, publicado en la revista Etiqueta Negra.

“Esta noche me dispongo a ser infiel con permiso de mi marido. La puerta del 6&9 es tan discreta que nos hemos pasado de largo dos veces. Llevo encima un abrigo para camuflar mi look temerario y tres tragos de cereza. J lleva una barba de cuatro días, lo veo tan guapo y tan mío que no puedo imaginar que en unos minutos se irá a la cama con alguien que no soy yo. Hay que tocar el intercomunicador. Deben estar viéndonos por una cámara. Nos abre un sujeto pigmeo y con cara de aburrido que dice que la entrada doble cuesta treinta y cinco euros. Vengan por aquí (…)”

1 Respuesta a “Material de trabajo”


  1. 1 Daniel Vidal Fort Marzo 31, 2009 a las 4:22 pm

    Daniel Vidal Fort

    Todas las noches de lunes se le ve llegar, con una figura ancha y regordeta que le impide, al caminar, moverse con agilidad. No conozco su nombre ni su edad, sólo se que al arribar es uno más.

    Ya pasan las dos y el ánimo se enciende, al ver que las luces bajan y se arregla la tarima para la presentación de esta persona particular. Ya no es quien llegó en un comienzo, lleva pelo largo y un maquillaje que sobreexagera sus rasgos, ni tan femeninos ni tan masculinos, hace recordar a las divas del cine de los 60.

    Son sus ojos y su mirada siempre en el horizonte, por sobre todos los presentes que hacer sentir que ahora con total propiedad se apodera de la noche y por más de cuarenta minutos es el centro de la atención.

    En el tiempo que se ve de pie por sobre las cabezas del local, su figura es inalcanzable, es un ser que en verdad esta por sobre los demás que lo ven como lo máximo, comparten chistes y “tallas”, las bromas van y vienen como en una conversación entre amigos. La diferencia es que esta persona sabe muy bien quien es, lo que representa y se hace respetar, con solo dos palabras y en ocasiones con una deja a los sobre exaltados o patudos en su lugar.

    Una vez que queda todo claro, es decir se aplica un “yo mando”, el show puede continuar, Mónica Naranjo de fondo y una exageración al doblar la letra de la canción más cebolla de la trayectoria de la cantante hacen que todos a una sola voz apoyemos en una catarsis a esta persona que nos invoca a cantar.

    Al terminar el tema, viene la despedida, las luces suben al mismo tiempo que la música. En ese momento sin mayor reparo la figura de quien hace reír, cantar y entrega felicidad desaparece en medio de la euforia que produce bailar.

    Todas las noches de lunes se repite la rutina en un lugar en Valparaíso, donde una elegante mujerona entrega a su publico lo que mejor sabe hacer, entrega un momento donde la discriminación y el temor de enfrentar al mundo se pierde en el bullicio de la estridente música cantada a coro por todos junto a ella.


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